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domingo, 1 de marzo de 2015

Explorando el Titanic de la antiguedad

Científicos buscan en el mar “oscuro como el vino” los restos de un barco que se hundió hace 2000 años, cargado con lo que se cree que fue la primera computadora del mundo.


A más de 7.250 km de casa, Brendan Foley baja de su camioneta Fiat y se dirige hacia la orilla del acantilado que se encuentra delante de él. Intenta mantener el equilibrio por encima de las rocas afiladas, salpicadas de excrementos de cabra, mientras el viento grita a su paso, de forma tan violenta que se pregunta por un momento si será empujado contra les rocas. Desde las proximidades de la orilla, baja la vista hacia las olas. Los vendavales transformaron el mar que pasó de un estado de calma a un estado furioso.
El islote de Antikythera es posiblemente el más remoto de toda Grecia, con poco más de 9 km de largo y 3 km de ancho, en un punto situado más o menos centrado de la Mediterránea. Aproximadamente está habitada por 30 personas de forma permanente, que viven en pequeñas casas agrupadas entorna al único puerto de la isla de las cuales destaca el su color blanquinoso. Cuando Foley, un arqueólogo, llegó con su equipo hacia un par de semanas, hicieron una ofrenda a Poseidón, abocando vino y aceite de oliva al mar con la esperanza de obtener a cambio una mar tranquila. No obstante, el mar les conjuró grandes tempestades. 

Bajo el acantilado, a 55 metros de profundidad, se encuentran los restos de un barco que colisionó contra las rocas de un acantilado que recibe el nombre de Pinakakia hace 2000 años. Cuando este barco fue descubierto en 19000, se pudo comprobar que llevaba una carga apreciada conformada por estatuas griegas, cristalería, joyas i un sofisticado dispositivo para modelar el cosmos tan revolucionario que el escritor de ciencia ficción i futurista Arthur C. Clarke, posteriormente argumentó que este podría haber provocado la Revolución Industrial hace más de un milenio. Si los griegos fueron capaces de llevar a cabo esta tecnología, Clarke dijo, “Hoy por hoy no estaríamos simplemente dando vueltas alrededor de la Luna. Hubiéramos llegado a las estrellas más cercanas”. Como el primer naufragio nunca investigado, el barco de Antikythera, como es conocido, captó la atención del mundo i iluminó el campo de la arqueología marina. 

Foley, de 46 años, es una persona tranquila y agradable, con una gran relación con el Instituto Oceanográfico Woods Hole de Massachusetts. Necesitará su buen carácter en este viaje, así como su grado de determinación que a menudo esconde. Como estaba convencido que muchos de los tesoros del barco están todavía bajo tierra, volvió al lugar con la mejor tecnología que el siglo XXI ha ofrecido para llevar a cabo uno de los proyectos más ambiciosos de la arqueología subacuática en la historia. 

Ha pasado la última década construyendo una asociación con arqueólogos griegos, normalmente muy proteccionistas con su patrimonio, para convertirse en uno de los únicos científicos norteamericanos a los que se les ha permitido trabajar en las aguas de éste país. Juntamente con Theotokis Thedodoulou y Dimitris Kourkoumelis, de la institución griega de Antigüedades Subacuáticas, ha reunido los mejores técnicos submarinistas del mundo (con el soporte de un equipe de la Armada Griega), ha conseguido un robot submarino de Australia, y ha conseguido millones de dólares en fondos de investigación de los patrocinadores privados como personajes griegos billonarios o bien una famosa marca de relojería suiza. 

Los donantes proporcionaron un yate de lujo y un helicóptero, incluso les han permitido instalar una torreta de móvil 4G en la isla, de modo que el equipo no se verá privada de conexión a internet. Lo más impresionante de todo es la adquisición por parte de Foley del préstamo de un traje de buceo que no aparece en el mercado debido a su alta tecnología el cual alcanzaría un valor aproximado de 660.000 € aproximadamente, junto con un buque de la Armada griega desde donde poder arrojarse al agua. 




Foley, un graduado de la Universidad de Southampton en Inglaterra aprendió del mejor: el explorador de aguas profundas Bob Ballard, quién descubrió los restos del naufragio del Titanic en 1985. Desde 1997 hasta 2003, Ballard fue un mentor para Foley, empezando con la expedición a Skerki Bank, un área de mar abierto en una antigua ruta de navegación entre Sicilia y el norte de África. “Esto abrió mis ojos hacia la arqueología como una gran ciencia”, afirma Foley. Este multimillonario proyecto, que descubrió 4 naufragios sólo en 1997, tuvo un submarino de investigación de propulsión nuclear, el vehículo operado por control remoto Jason y un equipo de televisión que lo acompañaba. 

Ahora es la oportunidad de Foley para dirigir un proyecto de esta envergadura. Este ocupó titulares en la prensa incluso antes de empezar a realizar inmersiones, pero el optimismo se convertía rápidamente en desesperación. Lunes, 29 de septiembre, a mitad del viaje de cuatro semanas y el equipo sólo ha podido bucear 2 veces en el pecio desde su llegada, una vez para reubicar el sitio y otra para analizar con el detector de metales, que no comportó grandes éxitos. Con las expectativas que el mal tiempo seguirá, el helicóptero esta inoperativo. Tanto el yate como el barco aportado por la marina griega fueron trasladados al Peloponeso. I los buceadores de Foley están en las alturas de las colinas sobre el puerto, instalados en las habitaciones del único hotel de Antikythera. 

Foley, por lo general claramente optimista, no es capaz de encontrar ningún giro positivo. "Estoy perdido," dijo sin poder hacer nada. "Puede que no volvamos a entrar en el agua otra vez."

En pocos días, tuvo un gran evento preparado en la isla vecina de Antikythera, Kythera, la mayor de las dos, con cientos de periodistas, patrocinadores y políticos. Foley debía hacer un anuncio con grandes descubrimientos y grandes expectativas -el momento más grande de su carrera hasta el momento- y la oportunidad de ganar dinero por años de trabajo en el futuro.Pero no sabía qué iba a decir.


Una pila de cadáveres. Desnudos. Pudriéndose en el lecho marino. Elias Stadiatis estaba asustado y sin aliento tal y como dijo a sus colegas, a causa del horror que había visto bajo las olas. Era la primavera de 1900, y el pequeño grupo de pescadores de esponjas se desvió de su trayectoria por una de las tormentas más fuertes que nunca tuvo esa región. Se refugiaron en el puerto de Antikythera y, cuando el mar se había calmado, se colocaron alrededor de la punta de la costa. 

Los submarinistas, encabezado por el capitán del barco Dimitrios Kontos, eran de la isla de Symi en el Egeo oriental. Junto con muchos otros miles de jóvenes, navegaban al norte de África cada primavera y volvían en otoño, con sus diminutos barcos cargados de esponjas. El comercio estaba en auge gracias a la introducción de trajes de buceo con cascos de bronce, lo que les permitió bucear más profundo y por más tiempo que nunca antes se había hecho. 

Stadiatis fue el primero en bucear ese día, pero él apareció casi de inmediato, diciendo que había visto a gente y caballos muertos en el fondo marino. Kontos había descubierto un lugar lleno de estatuas de un barco antiguo. Los buzos continuaron sus caladeros, pero cuando regresaron ese otoño, Kontos mencionó el hallazgo a los funcionarios en Atenas, mostrando un brazo de bronce de tamaño natural como prueba.

El gobierno griego, tambaleándose por la humillante derrota en la Guerra Greco-Turca de 1897, contrató hombres para bucear, con la esperanza de que la misión impulsara el orgullo nacional. Durante los próximos diez meses, Kontos y su equipo, guiados por los arqueólogos, cogieron todo lo que pudieron del naufragio. La profundidad complicó las tareas debido a la peligrosidad. Los buceadores respiraron aire alimentado a través de una tubería desde el barco arriba, y las curvas eran un riesgo grave ya que el dióxido de carbono en lugar de ser expulsado en el agua, quedaría atrapado en sus cascos. Los buzos pasaron sólo de tres a cinco minutos en el lecho marino por inmersión. Por el momento el trabajo se estaba haciendo pero dos sufrieron parálisis y uno murió.

Los hombres de Kontos trajeron un lance espectacular. Un recipiente de vidrio muy delicado de un verde azulado con ramas de olivo tallados. Otros eran objetos retorcidos. Destaca un sillón de madera y bronce con la parte superior decorada con leones y el busto de una mujer con el pelo recogido en un moño. Las enormes estatuas de mármol tenían superficies rugosas, debido a las criaturas marinas como los dátiles de mar y bacterias marinas. Los bronces estaban en mejores condiciones, incluyendo un atleta de 1’80 m de altura que ahora se conoce como el joven de Antikythera, de las mejores estatuas que sobrevive de la Grecia clásica.

En general, el barco reveló una de las más impresionantes colecciones de tesoros nunca vistas en la antigüedad. Cientos de antiguos buques de carga se han excavado desde entonces, pero sólo unos pocos de éstos llegan al nivel de lujo de los de Antikythera: una carga de columnas de mármol y esculturas de un naufragio cerca de Mahdia, Túnez; una estatua de Zeus en bronce realizando la acción de lanzar un rayo, que se encuentra fuera del cabo Artemision en Grecia; ébano, marfil y huevos de avestruz de un barco de finales de la Edad de Bronze que se hundió frente a Turquía, en el cabo Gelidonya. 

Absolutamente nada hasta día de hoy rivaliza con el pequeño dispositivo de bronce apodado con el nombre de mecanismo de Antikythera. La complejidad de las ruedas dentadas y diales de la máquina dieron lugar a argumentos que atribuían al objeto cronologías modernas diciendo que en algún momento dado éste cayó al agua. Los académicos que estudian su funcionamiento interno ahora entienden que el dispositivo data del s. I a.C y que modela los movimientos ondulantes del Sol, la Luna y los planetas a través del cielo. No encontramos ningún objeto que se le asemeje en sofisticación hasta que no nos encontramos con los relojes modernos de época medieval, y ha revolucionado nuestra comprensión sobre el trabajo que eran capaces de hacer los artesanos en época antigua. ¿Quién exactamente hace esta impresionante máquina? ¿Por qué? Y ¿cómo termina en esta nave? Estas son preguntas abiertas.

Los elementos recuperados por los pescadores de esponjas fueron trasladados al Museo Arqueológico Nacional de Atenas, donde muchos se siguen exhibiendo a día de hoy. Estudios de la nave y su contenido han propuesto que se trataba de un barco romano que navegó entre el 70 y 60 a.C., llevando tesoros, algunos griegos los cuales tenían una antigüedad mayor, desde el Mediterráneo oriental hasta el occidental. En este momento, los romanos estaban tomando gradualmente toda la región, y se enviaban barcos cargados de obras de arte griego, incluyendo pinturas, mosaicos y esculturas, de vuelta a casa para decorar sus villas de lujo. Para los arqueólogos de hoy, el pecio es una cápsula del tiempo, un momento de la historia conservada. Al igual que la tumba de un antiguo faraón, ofrece una ventana única en un mundo perdido.

El legendario explorador marino Jacques Cousteau reconoció este valor. Con la tecnología del buceo que él inventó, dirigió una expedición a Antikythera en 1976. Más de cinco meses, se dragó parte del lugar del naufragio y descubrió cientos de objetos pequeños como monedas, peones de vidrio de un juego de mesa, joyas y conchas de caracol, probablemente los restos de alimentos consumidos por la tripulación. Había huesos de al menos cuatro personas, entre ellas una mujer joven, que pudieron ser pasajeros en el barco. El área que Cousteau investigó pudo haber correspondido a la galera y cabinas de la nave. Lo que no encontró, sin embargo, fue la bodega.

“Cuando voy al Museo Arqueológico Nacional, siempre voy directo al Cabo Artemision de Zeus”, dice Foley sobre la estatua de bronce que se encontró en un pecio diferente. Estamos hablando sobre el desayuno, y él levanta sus brazos para emular la pose atlética de la estatua. “Si podemos hacer hallazgos de este tipo y que se muestren en el museo, las generaciones venideras podrán inspirarse”.

Notícia via: Smithsonian. (02/2015)

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