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jueves, 3 de abril de 2014

La República y el expolío de más de al menos 11 millones de bienes del patrimonio cultural en 1938

Los historiadores Francisco Gracia Alonso y Gloria Munilla detallan en «El tesoro del Vita» datos desconocidos del expolio histórico-artístico de Negrín y Prieto

Primero se envió el oro de Moscú y luego el tesoro del yate «Vita» tomó rumbo a México para hacer lingotes del patrimonio artístico español. Juan Negrín rubrica el primer episodio e Indalecio Prieto el segundo. Dos líderes del PSOE enfrentados en la guerra y el exilio. Dos iconos de la República ignorando el artículo 45 de la Constitución de 1931: el Estado debe salvaguardar «toda la riqueza artística e histórica del país, sea quien fuere su dueño, constituyendo el tesoro cultural de la Nación… que podrá prohibir su exportación y enajenación y decretar las expropiaciones legales que estimare oportunas para su defensa». «El tesoro del Vita», exhaustiva y reveladora investigación de los profesores Francisco Gracia Alonso y Gloria Munilla que publica la Universidad de Barcelona, sigue la singladura del yate que cargó tesoros de las catedrales de Toledo y Tortosa, materiales de la capilla del Palacio Real de Madrid, depósitos de la Generalitat de Cataluña y el monetario del Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Como tantas historias tristes, la del expolio artístico por quienes detentaban la legalidad republicana comienza en 1936, cuando Negrín crea la Caja de Reparaciones. Dependiente del Ministerio de Hacienda, su objetivo es la requisa de bienes: «No para protegerlos, sino para transformarlos», puntualizan Gracia y Munilla. Frente a la política de conservación de patrimonio que encarna la Junta Central del Tesoro Artístico cuya gestión ha sido reconocida, la Caja considera que la compra de armamento para la guerra justifica la transformación de las obras de arte en valor monetario. Al mando de la Caja de Reparaciones, Francisco Méndez Aspe, el hombre de confianza de Negrín y su sustituto en el Ministerio de Hacienda.

Lingotes de oro

El otoño de 1936, tras informar al presidente Azaña que la mejor manera de gestionar las reservas es la banca soviética, Negrín envía 7.800 cajas de lingotes de oro a Moscú. El segundo capítulo, el de Prieto, se desarrolla dos otoños después. A partir de la ley de 23 de marzo de 1938, que conmina a la entrega al Ministerio de Economía y Hacienda de las cajas privadas y depósitos en entidades bancarias privadas, se abren en Madrid, casi cinco mil cajas de alquiler, más de un millar de depósitos y una treintena de sobres con joyas. Gracia y Munilla destacan «la extracción de los depósitos del Monte de Piedad de Madrid, donde las joyas requisadas constituían la prenda de más de treinta mil operaciones de pignoración por valor de 11,6 millones de pesetas. La mayor parte de dichas joyas acabaría en el cargamento del Vita».

«Los bienes embarcados en el Vita siguen constituyendo un misterio», aseguran los historiadores, ya que cuando se realizó el envío a México no se realizó inventario alguno de la carga. Según una lista aproximada del ugetista Amaro del Rosal, se incluyeron cajas con oro acuñado y otros objetos valiosos depositados por la Generalitat de Cataluña; piezas pertenecientes al tesoro Artístico Nacional como lajoyas de la capilla del Palacio Real de Madrid; objetos de culto; parte del tesoro de la catedral de Tortosa; ropajes y objetos religiosos de la catedral de Toledo como el «Manto de las cincuenta mil perlas de la Virgen del Sagrario»; piezas del monetario del Museo Arqueológico Nacional de «incalculable valor histórico».

De la requisa numismática del Museo Arqueológico Nacional, que en 1925 contaba con 160.000 monedas, 15.000 medallas y medio millar de piezas grabadas, se encargó el subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, Wenceslao Roces, con el concurso de Antonio Rodríguez-Moñiño. Roces retornó del exilio y fue senador comunista en las elecciones de 1977: nunca asumió la responsabilidad de aquellos hechos.

Negrín versus Prieto

La carga estaba lista para embarcar. El primero de agosto del 38, el gobierno adquiere por cincuenta mil libras un yate de recreo anclado en Southampton y que pone al mando del capitán José Ordorika. Botado en Kiel en 1931 con el nombre de Argosy, el yate fue rebautizado como Vita. Su destino era México y quedar a cargo de los colaboradores de Negrín. Comenzaba otra guerra entre republicanos, esta vez, por el tesoro del Vita. Negrín versus Prieto. Gracias a un pacto con el presidente Lázaro Cárdenas, Prieto se quedó con el tesoro que se descargó en Tampico. Su idea, explican Gracia y Munilla, «era convertir los materiales en fondos corrientes». Cárdenas permitió a Prieto desmontar y fundir las joyas para venderlas al Banco de México. Entre 1939 y 1941 se transformó patrimonio por valor de once millones de pesos mexicanos y otra parte de las obras de arte se vendió en EE.UU. Entre afinación de metales preciosos e impuestos, la Hacienda mexicana se quedó con un tercio del líquido recibido, apuntan los historiadores. Otra lectura, descarnadamente pragmática y poco romántica, de la generosidad de Cárdenas con el exilio republicano.

«La historia del Vita es un cúmulo de despropósitos. Un reflejo penoso de los enfrentamientos políticos que condicionaron en gran medida la derrota en la Guerra Civil y el agotamiento de la política republicana en el exilio como núcleo de resistencia a la España de Franco». Pero lo más grave, concluyen Francisco Gracia y Gloria Munilla, es «hasta dónde pueden llegar, en primer lugar, un gobierno y posteriormente quienes se arrogan la representación de la legitimidad legal en el empleo y la conversión económica del patrimonio histórico-artístico de un Estado en beneficio privado y sin rendir cuentas por ello. Precedente peligroso».

Vía: ABC.es

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