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domingo, 30 de marzo de 2014

Un día cualquiera a la búsqueda del patrimonio subacuático


Relato de una jornada de trabajo arqueológico en aguas de Fisterra

Martín-Bueno recuerda sus jornadas de inmersión en la comarca del verano del 87.
MARCOS MÍGUEZ

Suena un despertador a las 6.30 de la mañana en unos pisos de Corcubión, inmediatamente una voz llama: «Charly, Julio, Jesús, espabilad a la gente, despertad a los del otro piso, a Cristina, Mercedes, Javier, Luces, Miguel, a todos, que salten de la cama, que si son buenos para trasnochar también lo serán para madrugar, que estamos como siempre, anoche de carallada y hoy a remolonear». Prisas por los pasillos, por coger sitio en el baño, desayunar a toda velocidad, los bocatas, la fruta, el resto ya se preparó anoche, pero hay que completarlo, para comer en el barco o en las rocas cuando te toque por turno.

Unos salen disparados para el puerto, ya son las 7.30 y hay que ayudar al práctico y bajar las dos zodiacs al agua, abrir el galpón municipal, recoger los equipos. Va llegando el resto en los coches, las bolsas con el material de cada uno, las botellas cargadas, el botiquín, los globos, el material de dibujo y topografía que han preparado Jesús y Julio; el de conservación preventiva que tendrá preparado desde ayer Maite, cargar todo. ¡No olvidar las cámaras fotográficas y el vídeo! Equipos pesados de los de antes, sobre todo la Betacam. El scooter subacuático, las chuponas, el combustible correspondiente. Los sacos de malla, las bolsas y etiquetas, el agua, que no se olvide el agua, un sinfín de cosas que previamente se tienen preparadas y siguiendo un orden en la lista elaborada por Jesús con anterioridad, completada por Julio en los aspectos técnicos y de mantenimiento de equipos de trabajo y por Charly en lo referente a la planificación del buceo, las inmersiones, las fichas, los turnos, todo eso, rutina pero necesaria.

Rápidamente se carga todo en las embarcaciones. Lo más pesado en la del práctico que es de madera y mas amplia, con un viejo motor de poco mas del año 1900 al que hay que calentar y encender, literalmente, aplicando candela en los cilindros con un chisquero. Si no estás acostumbrado cuesta un poco, luego una vez encendido con ese sonido rítmico y pausado ya no hay quien lo pare. Es una joya.

Salimos a las 8.00. El pueblo todavía no ha despertado, la mar está en calma, como hace varias semanas y los cuerpos cansados porque descansaremos cuando haga mala mar y por ahora no hay tu tía. Pasamos por delante de la batería alta vendida y convertida hace poco en una casa magnífica que ya conocemos. Seguimos escoltados por las dos neumáticas y doblamos la farola de Cabo Cee hacia punta do Diñeiro o dos Restelos, donde fondeamos y empieza la jornada. Otro día más; ya terminamos de segar laminarias y tenemos el yacimiento delante: los restos desperdigados por los rompientes. A las 9.00 las dos primeras parejas tienen que saltar al agua. Hoy no hay muchas quejas, los turnos, tanto de mañana como de tarde gustan, no siempre es así. El comienzo de la jornada de un arqueólogo subacuático en aguas de Fisterra es así. Bueno, fue; es el 18 de agosto del año 1987 y estamos contentos, la excavación va bien y el tiempo es bueno.

El catedrático Manuel Martín-Bueno realizó en el seno de Corcubión la primera investigación científica de arqueología subacuática de Galicia.

Vía: La Voz de Galicia.es

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