SÍGUENOS




RECUERDA

Si encuentras material arqueológico

subacuático, llama a éste número y avisa.



Con la tecnología de Blogger.
jueves, 7 de marzo de 2013

Los tesoros sumergidos de Cartagena

Eran las nueve de la mañana cuando se observaron los primeros barcos en el horizonte. El calendario indicaba el 13 de marzo de 1741. La bandera inglesa ondeaba en las embarcaciones enemigas, que habían armado un cerco a la distancia. Mientras tanto, en la plaza de Cartagena, el virrey Sebastián de Eslava planeaba la defensa junto al comandante Blas de Lezo, un experimentado almirante español a quien en su adolescencia un cañonazo le había hecho trizas su pierna izquierda.  Días después, las aguas del mar de Cartagena fueron testigo de una batalla entre ingleses y españoles que se prolongó por un par de meses.


El almirante inglés Edward Vernon llegó a Cartagena con una flota de guerra jamás imaginada, la más grande registrada en el periodo colonial. Ocho navíos grandes de tres palos, 28 de línea, doce fragatas de combate, algunos brulotes (embarcaciones cargadas de explosivos, combustibles y material inflamable), quince mil marineros, nueve mil hombres de desembarco, dos mil negros macheteros de Jamaica y una escuadra angloamericana de algo más de dos mil marinos, comandada por Lawrence Washington, hermano de George, libertador de Estados Unidos.


La bahía de Cartagena es un puerto históricamente muy importante a causa de las actividades comerciales y militares.
En tierra, los españoles contaban con el apoyo de una ciudad de alrededor de veinte mil habitantes. En su arsenal tenían apenas seis barcos, más de mil soldados veteranos, 400 soldados inexpertos, 600 marineros y 600 indios, negros y mulatos.  Se dice que los ingleses estaban tan seguros de la victoria que acuñaron monedas en las que figuraban Lezo de rodillas entregando la espada al almirante inglés. Las piezas tenían la  siguiente inscripción: “la soberbia española rendida por el almirante Vernon”.

La sangrienta guerra dejó más de mil quinientos ingleses muertos y heridos, un canje de prisioneros y cerca de seis naufragios en el Caribe colombiano. Desde aquel entonces están sumergidos y se han convertido en parte del patrimonio cultural del país. En la actualidad, un grupo de arqueólogos submarinos, historiadores y oceanógrafos, a 18 metros de profundidad, busca rescatar los tesoros desaparecidos en el mar hace casi tres siglos.

Los 84 kilómetros cuadrados de la Bahía de Cartagena serán explorados por el grupo de investigación Memorias del Caribe de la Universidad del Norte. Su primera tarea es elaborar un inventario del patrimonio cultural sumergido en este lugar, fase programada para los próximos dos años. “Fácilmente podemos tener tema y trabajo en la bahía de Cartagena para los próximos diez años”, asegura Juan Guillermo Martín, miembro del equipo.
En la primera temporada de trabajo de campo fueron encontrados dos naufragios. Uno ya había sido registrado por un grupo de la Universidad Nacional y la Armada hace diez años. Son barcos de la época colonial que aún conservan sus cañones de hierro. También fueron hallados restos de madera y parte del mástil de una de las naves que todavía se conserva. Los datos históricos indican que se hundieron durante el ataque de Edward Vernon.
Según Martín, el siguiente paso es lograr identificar las naves con un análisis de los cañones. Se debe hacer una medición, observarlos de manera detallada y contrastar los datos históricos con los de las piezas sumergidas. Se espera que luego de limpiar la zona de sedimentos, puedan encontrarse fragmentos de cerámica y vasijas utilizadas para comer y cocinar; indicadores que determinarán la antigüedad de las embarcaciones.
Esta es la primera exploración que se hace en el país para buscar patrimonio cultural submarino.

Ahora el grupo se concentra en la bahía de Cartagena. La razón,  la importancia en la actividad comercial y militar desde que los españoles comenzaron a dominar con sus costumbres, política, lengua y la religión hasta que se fundó la República de Colombia. Sin embargo, no desconocen los aportes que pueden hacer la bahía de Santa Marta, la costa de la Guajira y el Golfo de Urabá.
“Buena parte de esta actividad está bajo el agua y mucha no está registrada. Además, en los documentos históricos escriben una versión, la intención es poder contrastar las evidencias que están en el fondo marino con lo dicen los documentos que reposan en el Archivo General de indias en Sevilla”, precisa Martín.
Las jornadas de trabajo se realizan con la ayuda de sensores remotos que identifican los cuerpos extraños sumergidos en el mar. Luego viene la inmersión, etapa en la que se usan detectores de metales para hacer reconocimiento de los objetos. El trabajo bajo el agua no demora más de cincuenta minutos y solo se hacen dos inmersiones en el día, una en la mañana y otra en la tarde. La visibilidad en la bahía de Cartagena es una de las mayores dificultades, por la contaminación  y el tráfico de barcos.
Bajo el mar se hace un registro detallado de los hallazgos con toma de datos y dibujos de la posición de la cada uno de los objetos. El paso final es extraerlos  para analizarlos en superficie. Sin embargo, en Colombia tenemos limitaciones en este sentido. Los laboratorios existentes no tienen las condiciones apropiadas para tratar este tipo de materiales
Edward Vernon combatió a los españoles en Cartagena de Indias con un arsenal histórico.

Martín considera importante identificar el patrimonio cultural sumergido con el fin de protegerlo adecuadamente. El equipo de investigación, liderado por la Universidad del Norte, posee la capacidad científica y técnica para abordar esta temática, novedosa para Colombia. Mientras este tipo de estudios se han desarrollado en Europa y Estados Unidos desde mediados del siglo XX. Aquí los intentos han sido aislados.
La bahía de Cartagena, catalogada como una de las más bellas del mundo, esconde bajo el agua naufragios y cañones de la época colonial. Evidencias de la actividad marítima de este puerto. Durante siglos, corales y peces del Caribe colombiano han custodiado este patrimonio desconocido. Pero el grupo de investigadores entregará los primeros resultados a final de año. Por ahora, pretende ganarse una beca de investigación en la National Geographic Society para cubrir los ochenta mil dólares que cuesta el proyecto en los próximos dos años.

 Vía: Kienyke

BÚSQUEDA

POPULAR